Esperanza para sueños rotos

Esperanza para sueños rotos
¿Y qué es lo que hace el hijo de este asesino? Fortalece a su amigo: ¡Fantástico! Esa es la clase de amigos que hay que buscar. Ve a David en el momento de mayor abatimiento en su vida, asustado, acosado, dando tumbos en el desierto, y lo alienta. «Entiendo cómo te sientes. Tienes todo el derecho de tener esos sentimientos. Habrá un día mejor para ti después, pero por ahora yo estoy aquí contigo, pase lo que pase».

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2 Samuel 7: 18—291 Crónicas 22:1-6

David pudo hacer sido débil en otras ocasiones, pero en este momento es todo un gigante. ¡Qué gran padre!, él dice: «Señor, sé que no quieres que sea yo quien lleve a cabo este sueño, pero, Señor, voy a apartar lo más que pueda para apoyar a mi hijo a realizar este sueño que tuve en mi corazón». ¡Qué respuesta tan noble!

En todo esto veo dos verdades sencillas. Primera: Cuando Dios dice no, eso significa que él tiene una mejor manera de hacerlo, y espera que yo lo apoye. Segunda: Mi mejor respuesta es la cooperación y la humildad.

Él no llama a todo el mundo a construir el templo, pero si nos llama a todos a ser fieles y obedientes. Algunos de ustedes, que leen esto, están viviendo con sueños rotos. En algún momento del pasado tuvieron grandes esperanzas de que sus vidas fueran en cierta dirección. Pero el Señor, por alguna razón misteriosa, ha dicho: «No». Y usted siguió viviendo, se ha vuelto más viejo, y se ve poco a poco cada vez más arrinconado, mientras los más jóvenes toman el control y avanzan. ¡Con qué rapidez nos caen los años!

Pero cuando llega el momento en que creemos que podemos hacer algo, estamos ya demasiado viejos para poder llevarlo a cabo. Entonces le entregamos ese sueño al Salomón que tenemos cerca. Hace falta verdadera humildad para decirle a esa persona: «Qué Dios sea contigo. Haré todo lo que pueda para ayudarte a ver cumplido ese propósito».

¿Se identifica usted con David? ¿Tuvo alguna vez sus manos llenas de sueños y visiones, listo para presentárselos a Dios en el altar del sacrificio? ¿Tuvo sus planes bien preparados y bien pensados, solo para verlos derrumbarse a sus pies? ¿Y ahora está allí con las manos vacías?

Sepa esto: Dios está listo para llenar sus manos vacías como usted nunca lo creería, si solo las levanta hacia Él en obediencia y alabanza, como hizo David. Dios sigue estando perfectamente bien, y Él sabe lo que está haciendo. A algunos Él les dice sí. A otros, no. Pero, en cualquiera de los casos, su respuesta es la mejor. ¿Por qué razón? Porque las respuestas de Dios, aunque sorprendentes, nunca son equivocadas.

Adaptado del libro, Buenos Días con Buenos Amigos (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2007). Con permiso de la Editorial Mundo Hispano (www.editorialmh.org). Copyright © 2019 por Charles R. Swindoll, Inc. Reservados mundialmente todos los derechos.

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